¿Morirías por tu sueldo?

¡Qué pregunta! Imagínate que estás en una entrevista para un nuevo trabajo y la persona que tienes delante te mira directamente a los ojos y te pregunta eso.

Supongo que tu respuesta honesta sería: «Noooo, por supuesto que no». Pero permíteme desafiarte: ¿Estás realmente segur@ de ello? Porque si hay un secreto bien guardado en el mundo corporativo, es el daño que causan los entornos tóxicos de trabajo.

Te pongo un ejemplo. ¿Te puedes imaginar que cada año mueren más de 1.000.000 de personas en el mundo como consecuencia de su situación laboral?

Parece que alguien ha añadido un par de ceros de más aquí, ¿no crees? Pero, por desgracia, la cifra es correcta. Pero para entenderlo mejor, déjame darte un poco más de contexto:

Tod@s sabemos que el bienestar organizacional, las culturas corporativas saludables, la felicidad en el trabajo y el salario emocional son las palabras del momento. Much@s de nosotr@s pensamos que sería algo bonito de tener, un bonus por decirlo así. Pero en realidad, ¿qué pensarías si te dijera que tu vida puede depender de ello?

Suena absurdo, ¿verdad? Eso es lo que pensaba antes de leer «Muriendo por un salario» de Jeffrey Pfeffer.

Pero para no confundirnos, empezaré desde el principio:

La mayoría de nosotr@s conocemos los beneficios de prosperar en el trabajo. Nuestra productividad es altísima, la motivación es constante, sentimos que nuestro trabajo tiene sentido y llegamos a casa cansad@s pero felices. Ese es el mejor de los casos. Pero gracias a las investigaciones de la empresa estadounidense Gallup sabemos que el 85% de los empleados de todo el mundo no se sienten comprometidos con su trabajo. Y las consecuencias hacen temblar a todos los departamentos de RRHH: bajo rendimiento, altas tasas de rotación, innumerables días de baja por enfermedad, presentismo, conflictos y malos rollos en el trabajo, sin olvidar un ambiente tenso y estresante en la oficina.

¿Cómo llegamos a eso?

Pues, para resumir esta historia triste: nuestros lugares de trabajo y empleos han evolucionado, pero las estructuras y políticas de las empresas no tanto. Aunque hoy diseñemos Apps, drones de alta tecnología y campañas de marketing digital, la forma de gestionar las empresas sigue siendo casi la misma que cuando todavía «trabajábamos en las fábricas de Henry Ford». Seguimos teniendo jefes en lugar de líderes, nos controlan en lugar de confiar en nuestras habilidades y nos pagan y juzgan en función de las horas que invertimos (normalmente al menos 40 a la semana) no por los proyectos que realizamos.

Para decirlo de otra manera, hay un enorme desajuste entre cómo deberíamos trabajar y cómo lo hacemos realmente. Y este desajuste nos cuesta muy caro. Y no estoy hablando del enfado y la frustración que traes a casa todos los días o de los incontables sueños que se han roto al entrar en el mundo laboral al darse cuenta de que no es nada de lo que esperábamos.

Hablo de la depresión, los infartos, el burnout, el cáncer y sin olvidar el suicidio.

Te comparto algunos datos del libro:

¿Conoces el Síndrome del Black Monday?

Es el hecho de que los lunes por la mañana se producen más infartos que en otros momentos de la semana. Y la prevalencia de los infartos los lunes por la mañana ha hecho que los hospitales doten de personal a las salas de urgencias para corresponder a la alta demanda. [L.H. Tsoi, S.Y. Ip, and L.K. Poon, Monday Syndrome: Using Statistical and Mathematical Models to Fine-tune Services in an Emergency Department]

 

Echemos un vistazo al Reino Unido: Se calcula que entre 2007 y 2008 se perdieron 13,5 millones de días de trabajo por ausencias relacionadas con el estrés. Y se calcula que 1,1 millones de personas que trabajaron entre 2011 y 2012 sufrieron enfermedades relacionadas con el trabajo. [Annual Statistics Report for Great Britain, 2012-2012]

 

Y aquí hay un último aspecto que no puedo dejar de mencionar: Numerosas investigaciones demuestran que las decisiones individuales relacionadas con la salud, como el consumo de alcohol, el tabaquismo, la drogadicción y la glotonería, se ven profundamente afectadas por las condiciones relacionadas con el trabajo. [p. ej.: M. Harris and M. Fennell, “A Multivariate Model of Job Stress and Alcohol Consumption – Sociology Quarterly]

 

Al leer todo eso, en realidad no necesitas un ambiente de trabajo tóxico para deprimirte, ¿verdad?

 

¿Por qué nuestros lugares de trabajo son así?

 

Si pagáramos este alto precio para mejorar la rentabilidad o el rendimiento de la organización, al menos tendría sentido que las empresas fomentaran esos ambientes de trabajo tóxicos. Pero en realidad está demostrado que no hay ninguna mejora… sino todo lo contrario. Los lugares de trabajo tóxicos disminuyen el compromiso de los empleados, aumentan la rotación de personal y reducen el rendimiento laboral, además de aumentar los costes de los seguros médicos y de la atención sanitaria.

 

El Instituto Americano del Estrés concluyó que el estrés laboral cuesta a los empresarios estadounidenses más de 300.000 millones de dólares al año.

 

Supongo que el problema ya es obvio. Y en lugar de compartir contigo muchos más datos impactantes (y ten por seguro que podría hacerlo), hablemos de soluciones.

 

¿Qué podemos hacer para invertir esta espiral descendente y crear entornos de trabajo saludables en los que la gente disfrute estar?

 

Primero, tenemos que centrarnos en nuestra mente y en los «programas» que ejecutamos con ella. Ahora piensa en tu smartphone. ¿Con qué frecuencia te dice que actualices una App porque han hecho correcciones de errores, han optimizado algunas funciones y la han hecho en general más fácil de usar? ¿Una vez al mes? ¿Cuándo fue la última vez que hiciste una actualización mayor en tu cabeza? O en las cabezas de los muchos CEOs, CFOs, COOs, y gerentes en general… Supongo que ha pasado más de un mes, probablemente años o incluso décadas.

 

Así que todo comienza con una mente abierta e innovadora

 

Cuando se disfruta de la mentalidad adecuada, básicamente todo es posible. Tomemos como ejemplo la empresa Patagonia. Quizá no sea tu primera opción de ropa cuando pienses en una cita, pero sin duda merece la pena reflexionar más a fondo cuando se trata de la elección de tu próximo empleador.

 

Por ejemplo, Patagonia tiene un horario de trabajo estándar y ofrece servicio de guardería in situ. Esto abre las puertas al mundo laboral a muchas madres que, de otro modo, no podrían volver al mundo laboral para perseguir una carrera o para aportar a sus familias con su sueldo. Además, la empresa pasó a tener una jornada laboral de nueve horas para que, cada otro viernes, la gente pueda tener un día extra de descanso. Ellos comprendieron la importancia de la familia (y los amigos) y del tiempo libre. ¿Suena bien? Te invito a sumergirte en la mente del fundador de Patagonia, Yvon Chouinard, leyendo su libro «Que mi gente vaya a hacer surf» para explorar sus creencias de que el trabajo no debe consumirlo todo.

 

Otro hito en la gestión de personas de Patagonia es el «management por ausencia». Alimentando el pensamiento de la empresa como un lugar donde «todo el mundo sabe el papel que tiene que hacer, y que hace ese trabajo independientemente del management extremo». Cuando se combina esto con «una estructura organizativa realmente plana», ya estás en camino de conseguir un lugar de trabajo saludable en el que prospere el bienestar laboral.

 

El mensaje es sencillo: Los empresarios pueden elegir

 

Pueden aplicar prácticas que mejoren el bienestar laboral o, por ignorancia y negligencia, pueden crear lugares de trabajo que literalmente enfermen y maten a las personas.

Pero, para que quede claro, no todo recae en el empresario. Nosotr@s, como emplead@s, no podemos quedarnos relajad@s y trasladarles toda la responsabilidad. También depende de nosotr@s.

 

A medida que los millennials aumentan el porcentaje en el mundo laboral año tras año, podemos ver que los cambios de mentalidad ocurren cada vez con más frecuencia. No sólo en los puestos de bajo cargo, sino también en la oficina del jefe. Nuestra tarea, en mi opinión, obligatoria, es seleccionar y deseleccionar a nuestros empleadores, al menos en parte, basándonos en las dimensiones del trabajo relacionadas con el estrés, que influyen profundamente en nuestra salud física y mental.

 

Mientras estemos «de acuerdo» con el trato que recibimos en el trabajo o pensemos que «el estrés no me afecta a mi, porque soy muy resiliente», seremos parte del problema. Tú también puedes elegir. Cuando pienses en posibles trabajos, empleadores y otros aspectos de la vida laboral, ten en cuenta las profundas consecuencias para la salud física y mental de tus elecciones y acciones. En otras palabras, mientras mucha gente sufre – o incluso muere – por un sueldo, tú no tienes por qué ser un@ de ell@s.

 

Elige bien, investiga y obtén recomendaciones, revisa sitios de calificación de empleos como Glassdoor y no temas hacer algunas preguntas específicas durante tu entrevista de trabajo. Asegúrate de conocer al equipo y a tu jefe (ojalá que sea un/a líder) antes de comprometerte y firmar un contrato.

 

La vida es demasiado corta para trabajar en un empleo tóxico

 

Como Chief Happiness Officer (CHO), estoy comprometida con los entornos de trabajo saludables, las políticas empresariales justas y las mentalidades innovadoras, que ayudan a crear un futuro laboral en el que las personas crecen, prosperan y disfrutan estar.

La buena noticia es que nuestra comunidad CHO crece constantemente, y con ella la visión de que el trabajo es una parte integrada y significativa de nuestras vidas. Pero tú también eres una parte importante. Defiende tu derecho a que el trabajo enriquezca tu vida y no te la quite. Y si todavía no me crees (no te culpo, los datos que he mencionado son muy alarmantes), lee el libro de Jeffrey Pfeffer «Muriendo por un salario» y decídete a conocer los profundos efectos que los entornos laborales tóxicos tienen en tu vida.

 

Autora: Mareike Müller, de la Comunidad CHO by Creantum

muriendo por un sueldo

 

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